15.10.05

Populismo iberoamericano

" El populismo en Iberoaméricano ha adoptado una desconcertante amalgama de posturas ideológicas. Los extremos se tocan, son cara y cruz de un mismo fenómeno político cuya caracterización, por tanto, no debe intentarse por la vía de su contenido ideológico, sino de su funcionamiento. Propongo 10 rasgos específicos:

1. El populismo exalta al líder carismático. No hay populismo sin la figura del hombre providencial que resolverá, de una buena vez y para siempre los problemas del pueblo. (...)

2. El populista no sólo usa y abusa de la palabra: se apodera de ella. La palabra es el vínculo específico de su carisma. El populista se siente el intérprete supremo de la verdad general y también de la agencia de noticias del pueblo. (...)

3. El populismo fabrica la verdad (...). Como es natural los populistas abominan de la libertar de expresión. Confunden la crítica con la enemistad, por eso buscan desprestigiarla, controlarla, acallarla. (...)

4. El populista utiliza de modo discrecional los fondos públicos. No tienen paciencia con las sutilezas de la economía y las finanzas (...). El populista tiene un concepto mágico de la economía: para él, todo gasto es inversión. (...)

5. El populista reparte directamente la riqueza. Lo cual no es criticable en si mismo (...), pero el populista no reparte gratis: focaliza su ayuda, la cobra en obediencia. (...)


6. El populista alienta el odio de clases (...). Los populista latinoamericanos (...) hostigan a los “ricos” (a quienes acusan a menudo de ser “antinacionales”), pero atraen a los “empresarios patrióticos” que apoyan el régimen. El populista no busca por fuerza abolir el mercado: supedita sus agentes y los supedita a su favor.

7. El populista moviliza permanentemente a los grupos sociales. El populismo apela, organiza, enardece alas masas. La plaza pública es un teatros donde aparece “Su Majestad el Pueblo” (...)

8. El populismo fustiga por sistema al “enemigo exterior” inmune a la crítica y a la autocrítica, necesitado de señalar chivos expiratorios para los fracasos del régimen populista. (...)

9. El populismo desprecia el orden legal. Hay en la cultura política iberoamericana un apego atávico a la “ley natural” y una desconfianza a las leyes hechos por el hombre. (...)

10. El populismo mina, domina y, en último término, domestica o cancela las instituciones de la democracia liberal. El populismo abomina de los límites de su poder, los considera aristocráticos, oligárquicos, contrarios a la “voluntar popular”.


(...) El populismo tiene, por añadidura, una naturaleza perversamente “moderada” o “provisional”: no termina por ser plenamente dictatorial ni totalitario; por eso alimenta sin cesar la engañosa ilusión de un futuro mejor, enmascara los desastres que provoca, posterga el examen objetivo de sus actos, doblega la crítica, adultera la verdad, adormece, corrompe y degrada el espíritu público.”

Enrique Krauze

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