29.10.05

Campos para extranjeros

Refugees in Cairo´s camp
"Así, la implantación de campos en los que están detenidos los emigrantes ilegales y los solicitantes de asilo que llegan al territorio de un Estado miembro tiende a generalizarse en las fronteras externas de Europa en los países limítrofes (...)

Su característica común es la indeterminación de su estatuto jurídico y las ausencia de limitación de su duración. Disponemos de muy pocos datos precisos y todavía menos de estadísticas sobre estos campos, sobre su existencia, su localización geográfica, el número de personas que viven en ellos y la duración media de su estancia, así como sobre las condiciones de confinamientos. En una palabra, el silencio sobre lo que ocurre en el interior de estos lugares sin nombre es casi absoluto y está bien organizado (...)

Estos campos, numerosos y distintitos dependiendo de la región y la función que les haya sido asignada están implantados en zonas tampón entre la Unión Europea y las regiones de origen de los emigrantes. Se encuentran en las nuevas fronteras del Este, Hungría, Polonia, Rumania, Ucrania, etc, y en la periferia mediterránea, Ceuta y Melilla, Malta, la isla de Lampedusa, y más hacia el sur en Marruecos (al menos siete campos informales), Argelia, Turquía e Irán. (...) Estos países son conscientes de que a cambio de ventajas de cooperación con la UE, hacen “el trabajo sucio” (...)

Aunque, en efecto, todo el mundo está de acuerdo en actuar contra las migraciones clandestinas, afortunadamente no hay un consenso europeo sobre el método de “externalización” de los campos, porque la generalización de estos “campos para extranjeros” externos significa cuestionar su carácter excepcional y marca su institucionalización como herramienta de gestión de los flujos migratorios en Europa. Es el reflejo de una lógica de internamiento todavía más peligrosa, ya que es exportada, subcontratada fuera del espacio comunitario (...) Este sistema permite a al UE descargar sus responsabilidades en materia de asilo en los países limítrofes o tampones que por lo general ni disponen de los recursos técnicos y financieros adecuados (...)

No reprocho a la UE el derecho a controlar los flujos migratorios, como tampoco a buscar con terceros países formas de canalizar y gestionar dichos flujos que, en efecto son cada vez más numerosos. Tan sólo pido que se haga con la mayor transparencia y que los derechos humanos sean respetados. (...)”

Sami Naïr

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