25.6.05

La balanza europea

"Los neoconservadores sostienen que la única forma de superar las actuales dificultades económicas a las que se enfrenta Europa es destruir las décadas de derechos y prestaciones sociales que han llegado a definir la idea europea de calidad de vida en una sociedad socialmente responsable, y liberar el mercado para que pueda desatarse la competencia. (…) Por el contrario, los socialistas sostienen que el modelo estadounidense de mercado liberal sin restricciones, con su énfasis en que el ganador se lo lleva todo, recompensa a los ricos a costa de convertir en mendigos a los trabajadores, y provoca un orden social más injusto y desamparado.

Curiosamente, lo que realmente se está juzgando en la disputa constitucional europea no es la Constitución de la UE, sino, por el contrario, el futuro del capitalismo en sí, no lo sólo en Europa, sino en el resto del mundo. Cada vez más europeos se preguntan qué es mejor para proyectar el futuro económico: el modelo liberal de mercado o el modelo social de mercado. Los referendos constitucionales en Francia y Holanda se convirtieron en foro delegado para que la gente votara sobre sus esperanzas, sus perjuicios y sus temores económicos.(…)

Con la caída del muro de Berlín y la defunción de la URSS, el capitalismo ha disfrutado de un indiscutido campo de juego mundial para imponer su voluntad al mundo. Quizá vaya siendo hora de preguntarse qué tal lo ha hecho el capitalismo. Hoy, cuando los beneficios de la multinacionales se disparan en todas partes, 99 países se encuentran en peor situación económica que a principios de la década de 1990. El capitalismo prometió que la globalización reduciría las diferencias entre ricos y pobres. Por el contrario, la división no ha hecho más que aumentar. Las 356 familias más ricas del planeta disfrutan ahora de una riqueza combinada que supera la renta anual del 40% de la humanidad. (…) Abandonado a su propia lógica interna, el mercado sin trabas no conduce a un mayor reparto del pastel económico para todos, sino, por el contrario, a un final de partida en el que “el ganador se queda con todo”.

El principio básico del comunismo se expresa mejor mediante el aforismo “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad”. Sin embargo, en la práctica, el comunismo asfixió el incentivo personal y creó una forma de gobierno paternalista que privó a los individuos de cualquier asomo de autonomía, convirtiéndolos a todos prácticamente en guardianes de un Estado todopoderoso. (…)

¿Por qué han fracasado tan estrepitosamente las dos ideologías dominantes de la era industrial? Porque el principio básico de cada una de ellas no estaba suficientemente templado con el antídoto de la otra, para crear los controles adecuados y los equilibrios necesarios para hacer el mundo más soportable para todos. Irónicamente, resulta que en lugar de oponerlos, deberíamos considerar el capitalismo y al socialismo “manos visibles” complementarias que continuamente equilibran el interés propio individual en el mercado con un sentido colectivo de la responsabilidad por el bienestar de los demás en la sociedad. (…)

El debate económico que actualmente se vive en Europa amenaza con polarizar la opinión pública hacia los extremos, enfrentando las fuerzas de mercado sin restricciones a los dictados burocráticos del Estado de bienestar. Un economía social europea reformada, que permita florecer a ambos aspectos del comportamiento humano, constituirá un modelo para el resto del mundo.

Jeremy Rifkin
El País 23-6-2005”